La Coctelera

J . BUTTERFIELD.S ,donde estas ?

Bloom where you are planted....

8 Julio 2010

Arístipo

No creo que hallamos venido al planeta para sufrir ni ha exaltar el dolor como una forma de expiación.

Pienso que podríamos pasarla psicológicamente mejor, si seguimos algunos preceptos para darnos gusto sin sentir culpa. Es cuestión de tener una actitud abierta a las posibilidades que la vida nos brinda, tomarlas y hacerlas nuestras, expropiarlas.

Para comenzar a modificar ciertos hábitos insanos promotores de sufrimiento y estrés, hay que desarrollar comportamientos orientados a crear y potenciar nuevos reforzadores, romper la autoperpetuación y crear un ambiente motivacional menos negativo; salir del nicho y darse gusto. Vemos cuatro opciones.

1. Sacar tiempo para el disfrute. Los momentos de descanso, la recreación y las vacaciones no son un "desperdicio de tiempo", sino una inversión para la salud mental. No posterguemos tanto la satisfacción esperando el día: la autoestima es para todos los días. No hagamos de la responsabilidad una obligación extenuante y dogmática; es mejor echarle una pizca de diversión.

2. Decidir darse gusto La búsqueda del placer es una condición del ser humano. Forma parte de nosotros como algo natural. No es algo malo y sucio, primitivo y sórdido. Ser hedonista no es promulgar la vagancia, la irresponsabilidad o los vicios que afecten la salud. Es vivir intensamente y ejercer el derecho a sentirnos bien, vibrar con las cosas que nos gustan y exaltar un poco más la sensibilidad. A veces, irracionalmente, pensamos que no merecemos la alegría y que la actitud ascética es necesaria para crecer como ser humano, y nada hay más falso. Intentar estar bien es una responsabilidad vital ineludible.

3. Explorar, buscar, indagar. Si la fe mueve montañas, la curiosidad mueve al universo. No hay bienestar psicológico sin curiosidad, por eso, cuando le quitamos alas a la capacidad de fisgonear, de indagar y escudriñar el ambiente externo e interno, perdemos el motor. El hedonista responsable es un incansable investigador de lo increíble y lo prodigioso (que no necesariamente debe ser un récord Guinnes); tiene muy claro que lo inaudito puede estar en la gente más sencilla y en las cosas aparentemente más simples. Los aspectos placenteros de la realidad están a la espera para que los aprovechemos, no hagamos como las personas encapsuladas que se asfixian a sí mismas.

4. No racionalizar tanto las emociones agradables. No me refiero a subestimar la importancia del pensamiento, de hecho, la manera de pensar tiene influencia sobre el tono afectivo. El problema ocurre cuando sobrestimamos la razón. Si intentamos racionalizar más de la cuenta los sentimientos, obstaculizamos su fluidez, los inhibimos, les quitamos su valor funcional. En nuestra cultura, el culto al análisis es tanto que no somos capaces de oír, mirar o tocar, "sin pensar". Hay una tendencia clara a "ubicar" la emoción en categorías conceptuales, juicios de valor y opiniones. Cuando estemos bien y contentos, no nos enfrasquemos tanto en los por qué. Si no es dañino para uno ni para los demás, simplemente aceptemos el disfrute con agradecimiento.

El estilo de vida hedonista inteligente, donde el placer sano se incluye como un aspecto vital de lo cotidiano, crea inmunidad psicológica. Las defensas se incrementan, las endorfinas se activan, la piel mejora, el pelo brilla más, la gastritis molesta menos, el humor se convierte en "buen humor", el sexo se exacerba más y la mirada se hace más vasta y profunda.

Cada día por la mañana, cuando abramos los ojos y veamos la inmensidad del día que nos espera, no nos quedemos con el sombrío pronóstico de la amargura anticipada. Es mejor hacer un pacto con el lado derecho del corazón, estimular un poco la taquicardia, y decir: Hoy voy a tratar de aprovechar cada minuto agradable, lo voy a degustar con la avidez de quien devora el último sorbo de alegría, hoy me voy a recostar descaradamente en las buenas y no en las malas. Eso es hedonismo.

(hedoné, placer)

El nombre dado al grupo de sistemas éticos que sostienen, con diferentes modificaciones, que los sentimientos de placer o alegría son los fines últimos y más elevados de la conducta; que, consecuentemente, aquellas acciones que incrementan la cantidad de placer son por lo tanto correctas, e inversamente, las que incrementan el dolor son incorrectas.

-HISTORIA
El padre del Hedonismo fue Aristipo de Cirene. El enseñaba que el placer es el objetivo universal y fundamental del esfuerzo. Por placer no solo quería decir el placer sensual sino también las formas más elevadas de gozo, placeres mentales, amor doméstico, amistad, y satisfacción moral. Sus seguidores, sin embargo, redujeron el sistema a una defensa de la auto-complacencia (ver ESCUELA CIRENAICA DE FILOSOFIA).

A la Cirenaica sucedió la Escuela de Epicuro, quien enfatizó la superioridad de los placeres sociales e intelectuales sobre los de los sentidos. También confirió mayor dignidad a la doctrina hedonística combinándola con la teoría atómica de la materia; y esta síntesis encuentra su expresión refinada en el determinismo materialista del poeta Romano Lucrecio. Epicuro enseñaba que el dolor y el autocontrol tienen un valor hedonístico; porque el dolor es a veces un medio necesario para la salud y el placer; mientras el autocontrol y el ascetismo prudente son indispensables si quisiéramos asegurarnos el máximo de placer (ver EPICUREANISMO). Con el decaimiento de los viejos ideales Romanos y el ascenso del imperialismo la filosofía Epicúrea floreció en Roma. Ella aceleró la destrucción de las creencias religiosas paganas, y, al mismo tiempo, estuvo entre las fuerzas que resistieron al Cristianismo.

El resurgimiento de los principios hedonísticos en nuestros propios tiempos puede tener su origen en una línea de filósofos Ingleses, Hobbes, Hartley, Bentham, James Mill, John Stuart Mill, los dos Austin, y más recientemente, Alexander Bain, que popularmente son conocidos como Utilitaristas. Herbert Spencer adoptó en su teoría de ética evolutiva, el principio de que la norma discriminante entre el bien y el mal es placer y dolor, si bien él sustituyó el final hedonista por el progreso de la vida.

-EXPOSICION
Hedonistas contemporáneos son a veces clasificados en egoístas y altruistas. La clasificación, sin embargo, no es bastante satisfactoria cuando se aplica a los escritores; pues muchos Hedonistas combinan el principio egoísta con el altruista. La distinción, sin embargo, puede ser convenientemente aceptada en relación con los principios que sustentan las diversas formas de la doctrina. La declaración de que la felicidad es el propósito de la conducta de una vez suscita la pregunta: la felicidad de quién? A esto el egoísmo responde: la felicidad del agente; mientras el Hedonismo altruista replica: la felicidad de todos los implicados, o, para usar una frase que es clásica en la literatura de esta escuela, “la mayor felicidad del mayor número”. Tal vez el único Hedonista egoísta auténtico es Thomas Hobbes, si bien en muchos lugares Benthman también, se proclama a sí mismo apóstol intransigente del egoísmo (ver EGOISMO), mientras que en otras partes, así como J.S. Mill, se expande en el altruismo. Las dificultades intrínsecas en la tarea de construir un código adecuado de moral sobre el principio egoísta, junto con la crítica destructiva que tales intentos encontraron, condujo a los Hedonistas a sustituir la felicidad de todos los implicados por la felicidad del individuo. El tránsito de una a la otra se trata de realizar a través de un análisis psicológico que mostraría que, por la operación de la ley de asociación de ideas, nosotros llegamos a amar por su propio bien objetos que en primera instancia amamos por un motivo egoísta. Esto es verdad en cierto grado, pero los casos en los que puede ocurrir caen muy cerca del campo que el principio tendría que cubrir para justificar la teoría. Además, adoptando la felicidad de otros como el objetivo, el Hedonista pierde la única apariencia de prueba que tenía para ofrecer en apoyo de su primera discusión, que la felicidad es el fin, esto es, que todo hombre desea felicidad y no puede desear nada más; por desgracia es evidente que no todo el mundo desea la felicidad de todos los demás. Otra modificación fue introducida para dar respuesta a la crítica de que, si el placer es el estándar del bien y el mal, la complacencia sensual es justo tan buena como la forma más noble de auto-sacrificio. Los Hedonistas, o por lo menos algunos de ellos, respondieron que no solamente debe tenerse en cuenta la cantidad de placer sino también la calidad. Hay placeres superiores y placeres inferiores; y los superiores son más deseables que los inferiores; por lo tanto, el comportamiento que aspira a lo superior es el mejor. Pero si los placeres han de dividirse así en superiores e inferiores, sin tener en cuenta la cantidad, la norma hedonística es, por el mismo hecho, desplazada, y alguna otra escala superior de evaluación moral se requiere o se sobreentiende. La norma subjetiva, sentimiento placentero, es mandada a retirarse a favor de alguna norma objetiva anónima que dicte lo que el agente debe perseguir. Este es el suicidio del Hedonismo. Otros defensores del sistema, contrario a su principio inicial, han introducido un impulso altruista primario, coordinado con y controlando al egoísta como un resorte de acción.

-CRITICA
Los errores fundamentales del Hedonismo y las principales objeciones incontestables a la teoría pueden resumirse brevemente como sigue:
(1) Se apoya en un falso análisis psicológico; tendencia, apetito, propósito, y bien están fijos en la naturaleza con anterioridad al sentimiento placentero. El placer depende de la obtención de algún bien que es anterior a, y causante de, el placer resultante de su adquisición. La alegría o placer que acompañan al buen comportamiento es una consecuencia, no un constituyente, de la calidad moral de la acción.
(2) Falsamente supone que el placer es el único motivo de la acción. Esta opinión se sustenta en la falacia de que lo placentero y lo deseable son términos intercambiables.
(3) Aún si se admitiera que el placer y el dolor constituyen el estándar del bien y del mal, este estándar sería completamente impracticable. Los placeres no son conmensurables unos con otros, ni con los dolores; además ninguna mente humana puede calcular la cantidad de placer y dolor que resultarían de una actividad determinada. Esta tarea es imposible aún cuando solamente vaya a ser tenido en cuenta el placer del agente. Cuando se van a medir el placer y el dolor de “todos los implicados” el propósito se convierte en un disparate.
(4) El Hedonismo Egoísta reduce toda benevolencia, auto-sacrificio, y amor del bien a simple egoísmo. Es imposible que el Hedonismo altruista evada la misma consumación excepto a costo de la coherencia.
(5) Ningún código general de moralidad podría establecerse sobre la base del placer. El placer es esencialmente sentimiento subjetivo, y solamente el individuo es el juez competente de cuánto placer o dolor le proporciona una forma de actuar. Lo que es más placentero para uno puede serlo menos para otro. Por lo tanto, en terrenos hedonísticos, es evidente que no podría existir permanente y universalmente una línea divisoria válida entre el bien y el mal.
(6) El Hedonismo no tiene terreno para la obligación moral, ni sanción por responsabilidad. Si yo debo buscar mi propia felicidad, y si el comportamiento que lleva a la felicidad está correcto, el peor reproche que se me puede hacer, sin importar en qué pueda basarse mi conducta, es que Yo he hecho una elección imprudente.

Los Hedonistas se han apropiado del término felicidad como un equivalente a la totalidad del sentimiento placentero o agradable. La misma palabra se emplea como la traducción Inglesa del término Latino beatitudo y del Griego eudaimonía, que significan un concepto bastante diferente del hedonista. La idea Aristoteliana es traducida más correctamente al Inglés por el término bien-estar. Este significa el estado de perfección en que se constituye el hombre cuando ejercita su facultad más elevada, en su función más elevada, sobre su bien más elevado. A causa de que fallan para dar la debida atención a esta distinción, algunos escritores incluyen eudæonism entre los sistemas hedonistas. El Hedonismo algunas veces reclama el crédito de mucho esfuerzo benéfico en la reforma social en Inglaterra que ha sido promovida por Utilitaristas declarados; y en todas partes los movimientos popularmente designados como altruismo son señalados como monumentos al valor práctico del principio hedonista “el mayor bien del mayor número”. Pero debe observarse que este principio puede tener otra génesis y otro papel qué jugar en la ética diferentes a las atribuidas por el Hedonismo. Además, como señalaba Green, los Utilitaristas lo anexaron ilógicamente, y los frutos que trajo en su actividad política deben acreditársele en su carácter democrático antes que en el hedonístico.

http://webs.sinectis.com.ar/rbrasca/hedonist.html

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soy un linyera , fui pintor estoy esperando la carroza y estoy casi seguro que "todo tiempo pasado fue mejor Free Web Counters
Free Counter...........................................................Unos dicen que cuando Dios creo la tierra sólo había caos y él puso el orden, otros dicen que el verbo es el orden (Dios, La Sabiduría, El conocimiento...) algunos sostienen que el caos es inherente a la solución de las cosas, como los extemos de la cuerda.La vida está llena de aquellas verdades, en mayor o menor medida, sin embargo el "orden después del caos", a veces es una constante y es conflicto con el "orden" establecido por otros, ya que, en lo particular mi "orden" es el caos, un orden distinto, con dimensiones diferentes, con colores de otra paleta, con otros ojos, con impulsos de distinta frecuencia, que me han llevado a peregrinar entre el conocimiento, entre las creencias .

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